martes, febrero 15, 2011

El mayor espectáculo del mundo


Creo recordar que tal vez de niño fuí a un circo, pero ahora sí que he ido a uno. No era muy grande, tampoco demasiado pequeño, no había fieras… vamos, era como el recuerdo de un concepto de circo llevado a una realidad más comprimida, pero que viendo los ojos de la niña que tenía a mi lado, aún funciona como uno de los grandes espectáculos del mundo.
Lo que más me gustó fue un equilibrista, un hombre que supo crear emoción sin artificios, solo mostrando lo que un cuerpo disciplinado puede llegar a conseguir.
Pero como siempre, llegó aquello que termina por despegar mi mente de lo que estoy viendo y una metáfora sacada de la realidad se me apareció con claridad; en este caso me pasó con la actuación de los trapecistas.
Ya habían volado sobre la red de seguridad con éxito en un par de volteras simples cuándo llegó la primera complicada... y alguién falló, no se si el volador o el receptor. En realidad da igual porque casi siempre cae el mismo, el volador. La gente no se sobresaltó, todos eramos muy conscientes de la red. El público aplaudió comprensivo, hoy en día parece que se agradece el valor más que la precisión. Pasó lo mismo en el segundo fallo con caída incluida - cínico, pensé que seguramente sin red se falla mucho menos-.
Y ahí me vino la metáfora, los artistas del circo nos brindan un espectáculo con un riesgo controlado y minimizado a base de saber hacer y perfeccionar la experiencia.
Es lo mismo que esas personas - no olvidemos nunca que detrás de todo siempre hay personas- que se esconden detrás de la palabra "mercado", artistas de circos internacionales, trapecistas-ilusionistas que sacan conejos de chisteras mientras hacen volteretas de triple salto mortal. Pero en este espectáculo, ciertamente el mayor del mundo,hay diferencias: se corren riesgos enormes, pero tras dejar claro quién pone el conejo para la chistera, tras el triple salto viene el cuadrúple, y al fallar - seguramente porque la riqueza en un solo bolsillo desequilibra bastante- queda claro que el riesgo era solo para el que pagó la entrada, pues el trapecista-ilusionista vuela con red.
Y claro, la red siempre somos los demás.

1 comentario:

taio dijo...

superb